En promedio, los dientes del bebé comienzan a aparecer a partir de los 6 meses, aunque es cierto que en algunos niños ya despunta el primer diente en torno a los 4 meses. Del mismo modo, la gran mayoría de los dientes ha comenzado el proceso de dentición a los 8 meses, pero en algunos casos pueden tardar algo más en comenzar a aparecer.

Por tanto, la dentición es un proceso muy variable que depende de cada niño. Por ello no debes preocuparte si con 8 meses tu hijo aún no muestra ningún diente. Tan sólo deberías consultar con tu pediatra si a los 14 o 15 meses tu bebé aún no muestra ningún síntoma de la salida de los dientes. Algunos de esos síntomas son el enrojecimiento de las encías, la irritabilidad o una producción exagerada de saliva, entre otros.

Las molestias de la dentición van desde un malestar leve hasta un dolor intenso y constante. Podemos aliviar los síntomas mencionados proporcionándole al bebe un mordedor adecuado. Por ejemplo, los collares y pulseras mordedores desarrollados por Mamichic son muy convenientes y eficientes para paliar el dolor de la dentición. Al morderlos, el bebé libera la presión que siente en las encías debido a la hinchazón y la irritación. Enfriando en la nevera estos mordedores, podemos proporcionarle al niño un alivio aún mayor, ya que el frío calma eficientemente la zona dolorida.

Antes de que se produzca la erupción de los dientes del bebé, éstos pueden permanecer durante semanas ocultos bajo las encías. Por el contrario, en algunos casos los primeros dientes pueden romper el tejido y aparecer de forma repentina, sin ni si quiera observar síntomas de molestias en el niño.

Por norma general, la aparición de los diferentes tipos de dientes sigue un orden determinado en todos los niños. Este orden viene determinado por cómo va evolucionando la alimentación del bebé.

Así, los primeros dientes en aparecer son los incisivos delanteros, necesarios para masticar alimentos blandos, que serían los primeros a introducir en su dieta. Tras ellos hacen acto de aparición los molares y los caninos, que permitirán al niño ingerir alimentos más duros o que requieren desgarro y una masticación más fuerte, como por ejemplo la carne.

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