Las mujeres a menudo somos una bomba de relojería en lo que a las hormonas se refiere, especialmente los días anteriores y durante la menstruación.

En el embarazo y el parto todas esas hormonas no pasan desapercibidas, si no que se revolucionan con más fuerza que nunca.

Nos guste o no, estas hormonas son indispensables para el buen funcionamiento de nuestro ciclo menstrual, el desarrollo de un embarazo, la lactancia posparto y, como no, para que ocurra el parto de la forma adecuada.

Tres hormonas clave: parto y buen desarrollo del embarazo

La oxitocina

Esta potente hormona tiene un papel central en la maternidad. Durante el embarazo sus niveles se encuentran reducidos, pero conforme se aproxima el momento de dar a luz la cantidad de oxitocina en nuestro cuerpo aumenta.

Producida por el hipotálamo, esta hormona se encarga, junto a las prostaglandinas, de producir las contracciones uterinas llegado el momento del parto. Dada su función, en aquellos casos en las que las contracciones naturales no bastan, los médicos la emplean en su versión sintética para contribuir a la dilatación y las contracciones del parto. De esta forma se ayuda a la madre a proseguir y/o acelerar el parto.

Además, también es crucial para la eyección de leche materna tras la estimulación inducida en el pezón por la succión del bebé.

Progesterona y estrógenos

Estas dos hormonas también cumplen con funciones muy importantes en la maternidad.

Los estrógenos son producidos principalmente por los ovarios, durante toda nuestra vida, y por la placenta, durante el embarazo. Una de sus muchas funciones es contribuir a la preparación de las mamas para la futura lactancia.

La progesterona por su parte, es conocida como la hormona del embarazo, así que ya podéis imaginaros cómo de importante es para el buen desarrollo del mismo. Cumple con numerosas funciones, tanto en la preparación del cuerpo de la mujer como en el mantenimiento del embarazo y el desarrollo fetal. Al igual que los estrógenos, la progesterona es sintetizada principalmente por nuestros ovarios y por la placenta durante la gestación.

Además de las funciones mencionadas, estas tres hormonas interactúan entre ellas y con muchas otras hormonas activándose, inhibiéndose o potenciando sus efectos de una forma muy precisa en cada momento. Ese cóctel de hormonas del que hablábamos al principio es en realidad una red sumamente equilibrada y precisa, gracias a lo cual es posible el milagro de la vida.

 

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