Así es, a veces los bebés parecen ponerse en huelga de hambre rechazando la lactancia materna.

Aunque eso de huelga de lactancia suena gracioso, lo cierto es que es importante descubrir la razón o motivo por el que nuestro bebé rechaza ser amamantado para poder darle una solución.

Existen numerosos motivos por los que un bebé puede rechazar la lactancia. Uno de ellos es que el bebé sufra una aversión oral causada por un sondaje, una aspiración u otra experiencia similar desagradable.

También puede deberse a un cambio en el sabor de la leche materna o a una alteración de sus rutinas diarias.

En esos casos de ejemplo el bebé rechaza ambos senos, es decir, no quiere mamar. Sin embargo, en otras ocasiones los bebés rechazan mamar de un seno en concreto, por lo que en realidad no está rechazando la lactancia al completo. Por ello, esos casos son denominados como “falso rechazo”.

Los falsos rechazos pueden deberse a problemas posturales, es decir, la posición impide o dificulta un agarre adecuado del pezón, por lo que el bebé rechaza ese pecho; también puede deberse a una mastitis, que hace que la leche del seno afectado sea más salada.

En otras ocasiones el falso rechazo puede estar ocasionado por que el pezón del seno del que el bebé no quiere mamar tiene una estructura que impide que el niño o niña pueda succionar u obtener la leche materna de forma adecuada. Por ejemplo, puede ocurrir que el pezón de un seno en concreto sea demasiado grande y el bebé tenga dificultad para rodearlo con su boca.

¿Qué hacer ante el rechazo de la lactancia?

En primer lugar, es importante observar e intentar extraer cualquier información que resulte útil para entender el porqué del rechazo. Eso nos ayudará a discernir si se trata de un falso rechazo o de un rechazo real.

Incluso, nos puede ayudar a descartar el rechazo. Por ejemplo, puede que nuestro bebé siempre rechace un pecho, pero no el mismo seno de una toma a otra. Esto nos estará indicando que probablemente se ha quedado satisfecho y que no existe un problema real con alguno de nuestros senos.

Por supuesto, es necesario ser paciente, intentar adaptarnos e incentivar que el bebé se adapte también, intentar corregir fallos que detectemos (como cambios drásticos en su rutina, la postura al amamantar, etc.) y, si es necesario, pedir asesoramiento a nuestro pediatra o matrona.  

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