La boca de un bebé es una de las partes del cuerpo en la que más cambios evidentes y rápidos observaremos los padres. Especialmente si nos fijamos detenidamente.

Por desconocimiento, esas características peculiares pueden preocuparnos y hacernos pensar que nuestro bebé tiene algún problema o que quizás pueda estar sintiendo dolor. Sin embargo, muchas de ellas son indoloras e inofensivas y, por lo tanto, no tenemos de que preocuparnos. Son simplemente peculiaridades de la boca de un recién nacido.

Formaciones inocuas en la boca de un bebé

A parte de la erupción de los primeros dientes, los bebés pueden presentar diferentes características que aparecen o desaparecen a medida que el proceso de dentición va evolucionando y conforme progresa el desarrollo del niño o niña.

En el caso de los bebés lactantes, por ejemplo, aparece lo que se denomina callo de succión. Ese callo se forma en el labio superior, concretamente en el centro del mismo, y su apariencia es como una ampolla pequeñita. Tal y como indica su nombre, la formación de ese callo es causada por la succión que ejerce el niño para extraer la leche materna del pezón.

La aparición del callo de succión es normal y no conlleva ningún problema directo o asociado. Simplemente aparece con la lactancia y suele desaparecer espontáneamente algunas semanas más tarde.

Otra peculiaridad que podemos detectar en la boca de muchos recién nacidos son las perlas de Epstein, también llamados quistes gingivales del neonato. Éstas aparecen en el paladar del bebé y no son más que unas pequeñas protuberancias blanquecinas totalmente inofensivas.

Las perlas de Epstein no le causan dolor al bebé y desaparecen de forma espontánea en unas semanas.

Muy similares son los nódulos de Bohn, también pequeñas protuberancias blanquecinas o amarillentas, que en este caso suelen aparecer en las encías o en la mucosa lingual. Al igual que las perlas de Epstein, son inofensivas y desaparecen por sí solas sin necesidad de ningún tratamiento.

Si nos fijamos con detalle, en la boca de un recién nacido también puede que observemos un frenillo muy evidente tras el labio superior. Ese frenillo conecta el labio con la encía y en ocasiones, cuando el niño es algo más mayor, se puede apreciar que incluso separa los incisivos superiores centrales.

Sin embargo, esta particularidad de los bebés tampoco es motivo de preocupación, ya que el frenillo disminuye de tamaño con el tiempo y por lo tanto no es necesario realizar ningún tratamiento.

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