Frente a las tareas más tediosas y rutinarias son muchos los niños que se rebelan, se hacen los remolones o directamente se cierran en banda.

Aunque depende de la edad y de la etapa en la que se encuentren, a veces lo hacen por pura rebeldía, para llevarnos la contraria con un buen berrinche o un tira y afloja antes de conseguir que haga lo que le pedimos; otras veces no quieren hacer algo que deben por "vagancia", ya que les da pereza tener que realizar una tarea repetitiva o aburrida para ellos.

También puede ocurrir que no quieran realizar la tarea en cuestión porque directamente hay algo (o todo) de ella que no les gusta.

En definitiva, existen varios motivos de poco peso, pero gran efectividad, por los que nuestro hijo o hija puede negarse o remolonear a la hora hacer determinadas tareas.

Todo ello se podría aplicar a casi cualquier situación, pero suele ocurrir especialmente en aquellas tareas que constituyen una obligación y/o una rutina como, por ejemplo, lavarse los dientes.

Con sus recién estrenados dientecitos de leche, un niño puede no entender que es necesario e importante cepillarse los dientes todos los días, varias veces al día.

Ante una situación de rebeldía infantil, como padres, debemos ser creativos, tratar de cautivar a nuestro hijo hasta que, sin darse cuenta, la tarea se convierta en hábito.

No es conveniente, usar estrategias de temor, como, “¡te saldrán bichos por la boca si no te lavas los dientes!”; ya que podríamos generar miedos innecesarios a nuestro hijo o hija y, además, no estaríamos afianzando el hábito de manera adecuada. Cuando se dé cuenta de que no le sale ningún bicho o no sienta, a priori, las consecuencias de esos supuestos bichos, se relajará y no se cepillará los dientes, pues no tenía un hábito, tenía temor.

En niños pequeños con los que no podemos razonar, también hemos de evitar imponer el hábito como una mera obligación dictada por los padres. Resulta mucho más efectivo camelarlos para que sean ellos quienes (aparentemente) pongan en marcha toda la maquinaria que les llevará a afianzar el hábito de lavarse los dientes a diario.

Así, dándole rienda suelta a nuestra creatividad podemos inventar canciones, jugar a las imitaciones, convertirlo en una forma de pasar tiempo juntos e incluso inventarnos nuestro propio juego del cepillado de dientes.

No hay límites ni directrices, pero si empiezas a probar verás qué estrategias creativas funcionan con tu hijo o hija y, además, seguro que podrás aplicarlas a otros aspectos de la rutina familiar.

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