Tras el esfuerzo del parto y la explosión de emociones, por fin tendremos sobre nuestro pecho a nuestro bebé.

Habremos concluido una etapa en la que sentíamos un vínculo inquebrantable con la vida que crecía en nuestro vientre. Ahora comienza una nueva etapa en la que crearemos multitud de vínculos diferentes, uno de ellos a través de la lactancia.

Pero, ¿cómo comenzar con la lactancia?

Tras dar a luz, cuando tengamos a nuestro bebé colocado sobre nuestro cuerpo podremos comenzar con los primeros pasos de la lactancia.

El bebé instintivamente buscará el pezón materno para alimentarse, pero podemos ayudarle o facilitarle la tarea.

Para ello debemos colocar al bebé con su barriguita orientada hacia nuestro cuerpo. Para estimular ese reflejo que le hace ir en busca del pezón, podemos rozarle el labio superior o la mejilla con el pezón.

El reflejo hará que abra la boquita y en ese momento podemos aprovechar para aproximarlo a nuestro pecho invitándolo a que se agarre.

El agarre correcto del bebé es cubriendo toda la areola, no solamente el pezón.

Si al bebé le cuesta encontrar el pezón o agarrarse adecuadamente, no te desesperes. La lactancia materna es un aprendizaje tanto para la madre como para el bebé.

Poco a poco ambas partes se irán haciendo expertos en la lactancia materna y poco a poco te irá resultando más sencillo. Y a tu bebé también.

Puedes repetir ese mismo proceso si la primera vez no obtienes buenos resultados.

También debes recordar que al principio las tomas son pequeñas, ya que el estómago de nuestro bebé tendrá poca capacidad al principio. No obstante, estará perfectamente alimentado, ya que la primera leche, el calostro, lleva los nutrientes muy concentrados en un volumen pequeño.

Por todo ello también, al principio las tomas serán mucho más frecuentes. A medida que el bebé vaya ingiriendo cantidades mayores (y tu cuerpo a su vez generando mayor volumen de leche materna) las tomas se irán distanciando.

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