Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la higiene bucodental es esencial para una buena salud, no solo de los dientes, sino de la boca en general.

Antes de que hagan acto de aparición los primeros dientes de nuestro bebé ya deberíamos limpiarle las encías utilizando un paño húmedo. Así, además de mantener sus encías limpias, empezamos a acostumbrarlo a este proceso rutinario.

Cuando los primeros dientes de leche ya están presentes el proceso cambia. Aunque podríamos seguir usando un paño húmedo mientras nuestro bebé tenga pocas piezas, si ya está tomando alimentación complementaria se recomienda empezar a emplear el cepillo de dientes.

Debemos utilizar un cepillo de dientes infantil, que es especial para nuestros pequeños, siendo pequeñito y con unas cerdas muy suaves. Estos cepillos permiten realizar la limpieza de sus primeros dientecitos y de sus encías sin erosionar o dañar a nuestro bebé; algo que podría ocurrir con un cepillo para adulto, de cerdas mucho más duras.

Es conveniente realizar el cepillado entre 2 y tres veces al día, otorgando especial importancia al cepillado antes de llevarlo a la cama por la noche.

En cuanto a la pasta dental, podremos incorporarla a la edad adecuada siempre teniendo en cuenta que debe tratarse de una pasta de dientes específica para la edad de nuestro hijo o hija.

Para los niños con edad menor a dos años, la pasta dental debe tener una concentración de flúor de 500 ppm; de los dos años en adelante ya se puede utilizar una pasta de dientes con concentración de flúor de 1000 ppm, pero aun así debe tratarse de una pasta infantil, ya que aún no sabrán escupir todos los restos adecuadamente.

A medida que nuestro hijo o hija vaya haciéndose mayor podremos ir delegando en él, enseñándole cómo cepillarse los dientes por sí mismo. No obstante, tendremos que supervisarlo mientras lleva a cabo el cepillado al menos hasta los 7 años.

Nuestra supervisión, además de asegurar su bienestar, también debe tener como objetivo comprobar que el cepillado se ha hecho correctamente. Si vemos que nuestro hijo se ha dejado restos o se ha olvidado de cepillarse la lengua, por ejemplo, será el momento perfecto para corregirlo y ayudarle a conseguir siempre una higiene bucodental óptima.

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