Está claro, por motivos fisiológicos, que la mayor responsabilidad de la lactancia recae sobre la madre.

No obstante, el padre también puede contribuir a conseguir, junto a la mamá, un buen establecimiento de la lactancia materna, así como su mantenimiento a largo plazo.

Especialmente cuando se trata del primer bebé de la pareja, es muy importante durante el comienzo de la lactancia que el padre muestre su apoyo incondicional a la madre, que al ser primeriza puede tener más inseguridades, miedos o dudas.

Como hemos comentado en otras ocasiones, cuando una mujer se convierte en madre debe enfrentarse a un aprendizaje que no siempre es un camino de rosas. Mamá y bebé tienen que ir, poco a poco, estableciendo su rutina, sus estrategias y, en definitiva, su propio proceso de lactancia.

Por ello, que el padre esté bien informado es de gran ayuda para convertirse en un apoyo útil y efectivo para la madre durante el periodo de lactancia.

Ambos padres juntos podrán detectar mejor algunos problemas que pueden surgir durante la lactancia, como, por ejemplo, la posición, que de ser incorrecta puede influir en el buen agarre del bebé al pezón materno. 

Además de la parte práctica y de la resolución de esos problemillas que puedan surgir, la simple presencia del papá reconfortará a la madre lactante en su etapa de aprendizaje.

Verse sola, con toda la responsabilidad, sin un apoyo moral instantáneo, puede contribuir a que la madre se frustre y se encuentre con más complicaciones a la hora de conseguir establecer de manera adecuada la lactancia.

En definitiva, el padre juega un papel más importante de lo que pueda parecer a priori. Es fundamental para evitar que la madre dude de sus capacidades y para darle confianza tras la llegada del nuevo miembro de la casa.

Como en muchos otros aspectos familiares, en la lactancia hay que trabajar juntos, en equipo.

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