Las altas temperaturas del verano nos afectan a todos, incluyendo a nuestros bebés.

Cuando el calor arrecia tal y como ha hecho en los últimos días, con temperaturas elevadas hasta por la noche, aunque en casa estemos fresquitos, es casi imposible huir del sofoco al salir a la calle.

Por ello es normal que nos preocupemos de que nuestro bebé esté lo más fresco posible, evitar exponerlo al sol o intentar salir a la calle en las horas con temperaturas más agradables (cuando las hay).

A pesar de todo ello, seguro que en alguna ocasión te has preguntado si estará pasando demasiado calor o si hay algo más que puedas hacer para que no le afecten las altas temperaturas.

¿Cómo puedo saber si mi bebé tiene mucho calor?

Para saber el nivel de confort de nuestro bebé respecto al calor, debemos comprobar aquella zona que más información nos da sobre la sensación térmica que está experimentando.

Dicha zona es concretamente la parte superior de la espalda. Si nuestro bebé tiene esa zona de la espalda sudorosa, estará pasando calor.

Además de la parte alta de la espalda, la nuca del bebé y sus cachetes también nos ayudan a saber qué sensación térmica tiene. Así, si la nuca está sudada o tiene las mejillas coloradas, nuestro bebé estará claramente acalorado.

Tal y como nos pasa a los adultos, el calor incomoda al bebé, ya que lo hace sentir sofocado y sudoroso. Como consecuencia, es normal que el bebé esté más irritable o inquieto e incluso que rompa a llorar en un intento de expresar su incomodidad.

Por lo tanto, su humor o comportamiento también nos pueden servir para saber si el calor le está afectando.

Podemos ayudarlo a sobrellevar las altas temperaturas poniéndole ropa holgada, por supuesto no abrigándolo en exceso y no arropándolo demasiado si se encuentra tumbado, por ejemplo.

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