Cuando un bebé empieza a gatear adquiere una autonomía que parece impulsarlo a mejorar a toda velocidad su recién descubierto método de desplazamiento.

Así, mientras que “ayer” todavía le costaba mantener la cabeza erguida, “hoy”, en un abrir y cerrar de ojos, no hay quien lo pare gateando de un lado a otro y, por supuesto, poniéndose de pie el solito.

Sin duda, este es un momento clave que todos los padres esperamos entusiasmados, cuando nuestro hijo o hija comienza a gatear. También es el momento en el que nuestros esfuerzos se tienen que multiplicar y toca agudizar nuestros sentidos: pendientes de que no se nos escape de la vista, cuidado en lo que se apoya al ponerse de pie, comienzan los golpes contra el mobiliario de la casa y todo lo que esté a su paso, etc.

Un periodo fantástico, pero ciertamente agotador para los padres.

Pero, ¿cuándo ocurre esta nueva y agitada etapa en la vida de nuestro hijo o hija?

¿Cuándo empieza a gatear un bebé?

El rango de edad media en la que un bebé generalmente comienza a gatear es entre los 6 y los 10 meses de edad. Sin embargo, al igual que ocurre con la salida del primer diente de leche y con prácticamente cualquier otro aspecto del desarrollo de un bebé, no todos pasan por esta nueva etapa de la misma forma.

Así, se podría decir que algunos bebés nunca llegan a gatear, sino que directamente echan a andar. Desde el principio, probablemente porque no les agrada gatear, comienzan a ponerse en pie y tratar de mantener el equilibrio, ayudándose de lo que les rodea para sujetarse hasta que tengan la suficiente fuerza y coordinación.

Otros bebés sí gatean, pero no de la forma “tradicional”. En lugar de ponerse a cuatro patas y coordinar brazos y piernas para desplazarse, muchos bebés prefieren un gateo alternativo: desplazándose totalmente sentado y utilizando el estiramiento/recogida de las piernas para avanzar; o con la barriga en contacto en el suelo y moviendo brazos y piernas como si nadase y poder ir avanzando.

En cualquier caso, y como siempre decimos, cada niño es un mundo. Por eso, que nuestro bebé se salte el gateo o lo lleve a cabo de una forma diferente a la tradicional, no quiere decir que no sepa y mucho menos que vaya a tener algún problema en aprender a caminar.

Este proceso, tremendamente complejo, aunque no lo parezca, es progresivo y debemos dejar que nuestro pequeño o pequeña vaya experimentando y encontrando el camino más adecuado para su aprendizaje.

En menos de lo que canta un gallo seguro que lo tenemos corriendo por toda la casa.  

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