La embriogénesis es el proceso mediante el cual se forma el embrión. Ocurre tras la fecundación del óvulo por el espermatozoide y abarca las primeras ocho semanas.

Cuando culmina la embriogénesis comienza el embarazo propiamente dicho, y la vida que albergamos en nuestro interior pasa de denominarse embrión a ser llamado feto.

El comienzo de todo: la embriogénesis

Un espermatozoide fecunda a un ovocito y comienza la magia. Tan pronto como ocurre la fecundación empiezan a tener lugar transformaciones constantes que, tras 18 horas, darán lugar al cigoto.

El cigoto ya es una célula con toda la información genética necesaria, y a partir de la cual se desarrollará el embrión. Para ello, el cigoto comienza a dividirse, dando lugar a 2 células, luego 4, después 8 y así sucesivamente.

Al principio las células pueden distinguirse, pero luego se van “apretando” y, 96 horas después de que ocurriera la fecundación, solo se aprecia una única estructura; en este momento el cigoto pasa a llamarse mórula.

La mórula dará lugar al blastocisto, que irá aumentando su tamaño y que será el que se implante en el útero materno, alrededor de 6 días después de la fecundación, para continuar su desarrollo.

Cuando el blastocisto ya está implantado en el útero, durante la segunda y tercera semana desde la fecundación, empiezan a formarse diferentes estructuras rudimentarias y predecesoras de lo que más tarde serán elementos esenciales para el desarrollo y buen término del embarazo, como por ejemplo el cordón umbilical; así como estructuras importantes para el propio embrión.

En la cuarta semana desde la fecundación, se empiezan a desarrollar estructuras vestigiales de lo que serán los órganos y aparatos del bebé. También se empieza a formar lo que constituirá la columna vertebral, entre muchos otros eventos que tienen lugar. A partir de entonces comienza un desarrollo rapidísimo e incesante, que abarcará el segundo mes de gestación y que constituye el periodo embrionario propiamente dicho.

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