No hay nada como una buena sonrisa. La sonrisa es señal de felicidad, amabilidad y bienestar y, por tanto, tanto darla como recibirla nos contagia esos sentimientos.

Si encima se trata de la sonrisa de un bebé, con esa dulzura que nos alegra el corazón, las buenas sensaciones se multiplican.

Y ya, si es nuestro propio bebé el que nos regala sonrisas, directamente nos derretimos.

Por todo ello, muchos papás escudriñan el rostro de sus pequeños desde su llegada en busca de esa primera sonrisa que nadie se quiere perder.

Pero, ¿cuándo tiene lugar esa muestra de felicidad?

La primera sonrisa de un bebé

Lo cierto es que los bebés pueden sonreír antes de nacer, mientras se preparan para llegar a nuestros brazos, desde el útero materno.

No obstante, ni esas ni las primeras sonrisas que podemos contemplar en algunos recién nacidos son sonrisas intencionadas. En realidad, se trata de reflejos que experimenta el bebé, sin poseer control alguno sobre ellos.

Sin embargo, y afortunadamente, no es necesario esperar una eternidad para recibir la primera sonrisa intencionada de nuestro bebé.

Entorno a los 2 meses de edad desaparece ese reflejo que ocasiona aparentes sonrisas involuntarias en el rostro del bebé y, por tanto, es a partir de entonces cuando podremos decir que nuestro niño o niña nos ha sonreído por primera vez.

Como sucede en prácticamente todos los aspectos de esta vida, no hay dos bebés iguales, así que el rango en el que un bebé puede empezar a sonreír voluntariamente va desde el mes y medio hasta los tres meses. A partir del tercer mes de edad podemos esperar que cualquier bebé sonría con toda la intención.

Pero, ¿cómo distingo si me está sonriendo o aún es un acto reflejo?

En un bebé la diferencia entre el acto reflejo que se asemeja a una sonrisa y la sonrisa propiamente dicha la encontramos principalmente en el aspecto temporal. Concretamente en lo que se refiere a los momentos en que sonríe y en la duración de la sonrisa.

El acto reflejo de sonreír puede ocurrir en cualquier momento y de forma aleatoria, incluso cuando el bebé está dormido. No ocurre de forma consistente frente a un estímulo y puede aparecer incluso cuando el bebé no está de buen humor.

La verdadera sonrisa, sin embargo, la distinguiremos porque aparece de forma consistente en respuesta a un estímulo. Por ejemplo, cuando le hacemos carantoñas, cuando ve llegar a su mamá, etcétera. Además, la expresión de los ojos de nuestro bebé también nos ayudará a distinguir la sonrisa real del acto reflejo.

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