La lactancia materna en muchas ocasiones lleva asociados algunos problemas derivados del amamantamiento, la producción de leche o la posición del bebé al agarrar el pezón, por ejemplo.

La mayoría de ellos son temporales y tienen fácil solución, a pesar de las molestias. Un ejemplo de ello son el dolor que aparece en los pezones al comienzo de la lactancia, que va desapareciendo conforme avanzan las semanas y el área se va acostumbrando a la succión que ejerce el bebé.

Sin embargo, estos pequeños problemas pueden dar lugar a otros más serios o más dolorosos, especialmente si no han sido solucionados o cuidados adecuadamente.

Las grietas y heridas en los pezones durante el periodo de lactancia son bastante comunes y, aunque la complicación de las mismas sea menos frecuente, es importante tener siempre presente que una herida abierta es una vía de entrada para organismos que podrían causar una infección.

Dos de esas complicaciones que deberíamos evitar a toda costa (siempre que esté en nuestra mano, claro), son: la mastitis y el absceso mamario.

Mastitis

La mastitis es una inflamación de la mama causada por una infección bacteriana. Aunque no es la única razón, la presencia de grietas y heridas en los pezones aumentan notablemente la probabilidad de sufrir mastitis, ya que son una puerta de entrada para las bacterias.

Esta complicación causa dolor en el seno, enrojecimiento, sensación de calor e incluso fiebre si la infección es más grave.

Absceso mamario

Podríamos decir que ésta es “una complicación de una complicación”, ya que se trata de un problema que aparece cuando no se ha tratado, o se ha tratado demasiado tarde, una mastitis. El absceso mamario conlleva una acumulación de pus debida a la infección y ocasiona un dolor más intenso que el de la mastitis.

Cuando la mastitis evoluciona hasta desarrollar un absceso mamario es común que se requiera que la mama afectada sea drenada quirúrgicamente.

Customer Reviews (0 comentarios)

Dejar un comentario