Una alimentación adecuada en los bebés y niños es fundamental para su correcto desarrollo. Mientras que durante la edad adulta es posible prescindir o sustituir determinados alimentos, durante la infancia muchos de ellos son esenciales.

Los hábitos alimenticios están muy influenciados por el estilo de vida, pero también por las costumbres y creencias, así como por las modas o tendencias. Esto último es especialmente notable en los tiempos que corren.

Como es lógico, un bebé o un niño pequeño no elige esos hábitos, si no que los adopta directamente de sus padres. Así, muchos padres vegetarianos o veganos, por ejemplo, tratan de inculcar su estilo de vida o hábitos alimenticios a sus hijos desde edades muy tempranas.

Aunque es obvio que lo que se pretende es llevar una vida sana y saludable, así como ofrecer lo mejor a nuestros hijos, eso no significa que siempre sea la decisión más acertada.

Un ejemplo de ello es la tendencia en aumento de suprimir el consumo de lácteos de la dieta, no solo en adultos, sino también en bebés que han finalizado su periodo de lactancia y niños de corta edad.

¿Por qué no es buena idea eliminar los lácteos de la dieta de un niño?

Los lácteos son la mayor fuente de calcio en nuestra alimentación, un mineral esencial para el correcto desarrollo de la estructura ósea durante el crecimiento de un niño.

La creciente tendencia de eliminar el consumo de productos lácteos se fundamenta en la posibilidad de sustituirlos por otros alimentos que con alto contenido en calcio. Sin embargo, eso es algo bastante difícil.

Es cierto que muchos vegetales cuentan con un elevado contenido en este mineral, pero la cantidad real que podemos extraer de ellos es mucho más limitada que la que obtenemos al consumir productos lácteos.

Es decir, aunque es cierto que alimentos como el brócoli tienen mucho calcio, durante la digestión del mismo nuestro cuerpo solo puede absorber una pequeña cantidad, muy inferior a la que obtenemos a partir de los lácteos.

Ese concepto de la cantidad de un nutriente que podemos extraer realmente de un alimento es lo que se denomina biodisponibilidad, algo independiente a la cantidad de dicho nutriente en el alimento en cuestión. Es decir, en este caso, que un producto tenga mucho calcio, no quiere decir que nos aporte la cantidad suficiente necesariamente.

Además de lo relativo a la biodisponibilidad de calcio en alimentos candidatos a sustituir a los lácteos, el aporte de este mineral también puede depender de la preparación del alimento. Por ejemplo, el sésamo tiene un alto contenido en calcio, sin embargo, para que nuestro cuerpo pueda absorberlo es necesario consumirlo molido o machacado. De lo contrario, al consumir el sésamo entero, éste pasará por nuestro aparato digestivo como si nada, sin aportarnos el calcio que contiene en su interior.

El desconocimiento de muchos padres sobre la biodisponibilidad real de calcio en alimentos distintos a los lácteos y sobre la influencia de la preparación y la cocción de los mismos en la absorción de este mineral, hace que al eliminar la leche y sus derivados de la dieta de sus hijos éstos terminen sufriendo una deficiencia en calcio.

Además de la preparación, la obtención de calcio también puede se ve afectada por la vitamina D, necesaria para absorber este mineral. Así, si un niño no tiene unos niveles adecuados de dicha vitamina, su obtención de calcio será aún menor.

Los lácteos en sí mismos son ricos en vitamina D, por lo que además de aportar gran cantidad de calcio, facilitan su biodisponibilidad y absorción. Todo ello es lo que hacen que sean la mejor fuente de este mineral.

Conclusión

En base a todo lo anterior, es evidente que eliminar sin más los lácteos de la dieta de un niño no es una buena idea, especialmente si no estamos bien informados.

Si utilizando una alimentación alternativa no somos capaces de aportar la cantidad necesaria de calcio que necesita nuestro hijo o hija, esto puede derivar, por ejemplo, en problemas de crecimiento y desarrollo.

Por todo ello, es desaconsejable tomar este tipo de decisiones a la ligera y sin prestar atención a las recomendaciones de instituciones como la OMS.

Si puede ser necesario prescindir de los lácteos en el caso de existir una alergia o intolerancia. Sin embargo, si nuestro hijo o hija sufre intolerancia a la lactosa comprobada por su médico, éste nos tendrá que asesorar sobre como sustituir adecuadamente el aporte de calcio a partir de otros alimentos. En estos casos puede ser necesario administrar un suplemento de vitamina D para aumentar la absorción de este mineral tan importante durante la infancia.

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