Los herpes son patologías que todos hemos conocido, sobre todo ese que sufren muchas personas en los labios cuando tienen fiebre o están bajos de defensas por otros motivos, y que a menudo llamamos “calenturas”.

Sin embargo, el herpes gestacional es menos conocido, simplemente porque, afortunadamente, se trata de una enfermedad poco común.

Tal y como indica su nombre, se trata de una patología que padecen las mujeres embarazadas y, por eso, hoy vamos a conocer algunos detalles sobre esta enfermedad.

El herpes gestacional: descripción y síntomas

También llamado penfigoide gestacional, el herpes gestacional es una enfermedad que afecta a la piel y que se manifiesta en las mujeres durante el embarazo o en las primeras horas tras el parto, lo que se conoce como puerperio inmediato.

Podríamos decir que el nombre de herpes gestacional es incorrecto y puede llevar a confusión, ya que, en realidad, esta enfermedad no está causada por ningún virus del herpes, sino que se debe a una respuesta autoinmune. Es decir, nuestro cuerpo reacciona contra nosotras mismas y no hay por tanto ningún organismo externo causante.

Por ello, no es una enfermedad que se contraiga o se contagie y, por tanto, tampoco podremos hacer nada para prevenir su desarrollo como sí haríamos con otras enfermedades como, por ejemplo, la toxoplasmosis.

Tal y como ya comentábamos, se trata de una patología poco frecuente, que aparece en 1 de cada 50000 embarazos.

La enfermedad se puede manifestar entre la novena semana de gestación y la primera semana tras el parto, aunque generalmente ocurre por primera vez en la semana 21 de gestación.

Cuando el herpes gestacional hace acto de presencia aparecen síntomas como malestar, náuseas, quemazón y prurito intenso en la piel. Después comienzan a aparecer pupitas y ampollas que recuerdan a las que produce el virus herpes zoster, de ahí se debe probablemente su poco acertado nombre.

Las pupas suelen aparecer entorno al ombligo y luego se van extendiendo.

Además de ser poco agradable, por el picor que se experimenta en los brotes, y doloroso cuando se tienen muchas ampollas, esta enfermedad puede provocar el adelantamiento del parto, producir las mismas lesiones en la piel del bebé y, en casos graves o que no se controlan, muerte uterina del feto.

Afortunadamente eso no es siempre así, se puede tratar con algunos medicamentos para sobrellevar los brotes y controlar cualquier posible complicación con el feto y muchas veces no va más allá de las manifestaciones cutáneas que sufre la madre, que no es poco claro.

Por ello, es importante acudir a nuestro doctor si empezamos a desarrollar prurito, ampollas u otras alteraciones en la piel. Especialmente si ocurre alrededor del ombligo y se va extendiendo desde ahí hacia fuera como en forma de círculo, ya que es una manifestación característica del herpes gestacional.

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