El labio leporino, también llamado fisura labial, es un defecto congénito bastante frecuente, apareciendo en 1 de cada 500 neonatos y constituyendo el 15% de las malformaciones congénitas, aproximadamente.

Esta alteración congénita consiste en una hendidura, fisura o separación en el labio superior del bebé.

La ocurrencia de labio leporino es debida a que durante el desarrollo fetal no se produce la fusión completa de los procesos maxilar y nasomedial del feto. Es decir, durante el desarrollo del bebé en el útero materno, esas zonas faciales están inicialmente abiertas; a medida que progresa el desarrollo del feto, se van cerrando para dar lugar a una estructura facial completa, algo que ocurre entre la quinta y la octava semana de gestación.

Sin embargo, cuando ese proceso de fusión de las estructuras faciales, en este caso de la zona nasal y maxilar, no se produce adecuadamente da lugar a la aparición del labio leporino.

El labio leporino puede aparecer junto a otra malformación, en este caso del paladar, que se denomina paladar hendido o fisura palatina. Ambas malformaciones congénitas aparecen asociadas con frecuencia y son ocasionadas por el mismo motivo, la fusión incompleta de dichas estructuras.

Las causas que dan lugar a una fusión incompleta de estas áreas del rostro son genéticas y ambientales y la severidad del problema puede variar desde una pequeña fisura en el labio hasta malformaciones faciales más graves que involucran diversas zonas del rostro.

Antiguamente no se sabía si un bebé tendría labio leporino, ni el alcance del problema, hasta el momento de su nacimiento. Sin embargo, en la actualidad los avances médicos permiten diagnosticar esta malformación congénita durante el periodo de gestación, cuando el bebé aún se está desarrollando en el útero materno. Para ello simplemente se emplea la utrasonografía o ecografía obstétrica.

Afortunadamente, este defecto congénito puede ser tratado, aunque el tratamiento necesario depende del tipo concreto de malformación (si es solo una pequeña fisura en el labio, presencia de fisura labial y paladar hendido, etc.) y de la severidad de la misma.

Concretamente, la fisura labial suele tratarse a edades muy tempranas, entre los 2 y los 3 meses de edad, para lo cual se realiza una cirugía mediante la cual se cierra el espacio existente entre ambas partes del labio superior.

Cuando existe una hendidura en el paladar, ésta generalmente se trata quirúrgicamente entre los 6 meses y el primer año de vida.

Sin embargo, como hemos mencionado, el tratamiento dependerá notablemente de cada caso en función de la severidad y extensión del problema.

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