La sonrisa de un bebé es capaz de alegrar a cualquiera. Sin embargo, el llanto puede llevarnos a la desesperación, sobre todo cuando no somos capaces de identificar el motivo del mismo.

Esa desesperación o frustración es especialmente notable en las mamás y los papás primerizos, pues aún están en periodo de aprendizaje y, como es lógico, suelen tener una preocupación mayor que los papás experimentados.

En cualquier caso, la experiencia no nos libra al 100% de ese sentimiento de desazón cuando un bebé llora insistentemente; pero si nos enseña a identificar, a base de prueba-error, las razones por las que nuestro hijo o hija llora desconsoladamente. No siempre acertaremos, pero sí en la mayoría de los casos.

Puesto que el llanto es una forma que utiliza el bebé para comunicarse, en muchos casos el motivo no será más que avisarnos de que necesita cubrir alguna necesidad básica: hambre, cambio de pañal, sueño…y no debido a un problema realmente preocupante o grave.

La insistencia o la tolerancia a esas situaciones fisiológicas dependerá de cada bebé. Por ejemplo, algunos niños toleran bastante tiempo llevar el pañal sucio; mientras que otros, tan pronto como hacen caquita, reclaman a sus padres el cambio del pañal.

Es decir, al final, los bebés también nacen con su personalidad y carácter, así que nuestra tarea como padres es ir conociéndolos e identificando sus señales.

Además de llorar para reclamar una toma de leche, la necesidad de irse a dormir o de ser aseado, como es lógico los bebés también lloran cuando sienten molestias y dolor. El llanto es su único método para expresar las sensaciones desagradables.

Una causa frecuente de llanto son los problemas estomacales, especialmente los relacionados con gases y cólicos.

Un patrón que nos permite identificar el llanto ocasionado por problemas de ese tipo, es si el bebé llora con frecuencia después de comer.

La dentición es otra fuente de lloros muy común. Con las molestias que ocasiona la salida de los primeros dientes, los bebés pueden volverse más irritables y menos tolerantes a cosas por las que generalmente no llorarían.

En cualquier caso, nosotros los padres, debemos prestar atención a las pequeñas señales y patrones que se asocian con los llantos de nuestro bebé. Así será la única forma en la que podamos ayudarle y calmarle, además de reducir nuestro nivel de preocupación.

Con la experiencia se aprende que, afortunadamente, la gran mayoría de los lloros no son debidos a cosas graves. Simplemente es un medio de comunicación durante las primeras etapas de la vida de nuestros hijos.

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