Tan pronto como damos a luz, podemos comenzar con la lactancia materna. Nuestro cuerpo comienza a prepararse para este proceso a partir de la semana 24 de nuestro embarazo, pero, gracias a un determinado cóctel de hormonas, se inhibe la producción de leche durante el mismo. Es decir, el cuerpo se prepara para recibir al bebé, pero la leche materna aún no es secretada. Esa inhibición acaba con el nacimiento de nuestro bebé, momento en el que los niveles de esas hormonas inhibidoras caen rápidamente para permitir la producción de leche materna, estimulada a su vez por la hormona oxitocina.

Comienza entonces el periodo de amamantamiento o lactancia, en el cual podremos distinguir varias fases. Durante las primeras semanas de vida nuestro bebé requerirá realizar tomas de forma muy frecuente. Concretamente cada 1-3 horas, lo que supone entre 8 y 12 tomas diarias. Esto ocurre porque los recién nacidos tienen una capacidad estomacal reducida, que irá aumentando a lo largo de su desarrollo. Dicho de otra forma, nuestros bebés nacen con un sistema digestivo inmaduro. Ello deriva en que al principio solo puedan realizar ingestas pequeñas pero frecuentes.

Nuestro cuerpo está preparado para trabajar al unísono con las necesidades de nuestro bebé. Por ello, durante esta fase inicial se produce una especie de leche especial, que denominamos calostro. En él, se encuentran, en forma muy concentrada, todos los nutrientes que necesita nuestro bebé durante sus primeros días de vida. Así, a pesar de que el recién nacido ingiera volúmenes pequeños, recibirá todos los nutrientes que precisa. Además, el calostro prepara su sistema digestivo para la ingesta de la leche materna propiamente dicha, que llega con lo que comúnmente llamamos subida de la leche.

La subida de la leche es, por tanto, el momento en el que la producción de leche materna aumenta de forma brusca. Además de aumentar en volumen, y por tanto disminuye el grado de concentración, esta leche materna comienza a cambiar en su composición. Se trata de una leche de transición, que podríamos definir como una mezcla de calostro y leche madura. A través de ella proporcionaremos a nuestro bebé todos los nutrientes y calorías que necesita durante este periodo.

Ese incremento en el volumen y la reducción en la concentración de la leche materna va de la mano con el aumento de la capacidad estomacal del recién nacido y culmina con la producción de la leche materna madura. Por ello, a medida que pasan las primeras semanas, el bebé empieza a distanciar las tomas. Simplemente, como ya puede consumir una mayor cantidad de leche, puede “permitirse” alargar las ingestas.  

Como veis, la naturaleza es muy sabia, y mamás y bebés están perfectamente coordinados, incluso sin conocer todos los procesos fisiológicos que están ocurriendo en ambos y el porqué de los mismos.

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