Hay historias de amor que siguen todos y cada uno de “los pasos” de forma ordenada. Si, esos pasos marcados y organizados que antaño más te valía no saltarte: conocer a una persona, enamorarte, comenzar un noviazgo relativamente largo, casarse, irse de luna de miel y, finalmente, tener descendencia.

Pero las cosas han cambiado, mucho. Ya no todas las familias son iguales, las hay monoparentales, con dos padres, dos madres, casados, arrejuntados, formadas a partir de dos familias (por ejemplo, dos personas divorciadas con hijos de parejas anteriores); de todo.

Ya no hay un patrón, sino que cada uno crea el suyo y vive su vida familiar felizmente, independientemente de si sigue “la estructura tradicional” o no.  

Tampoco se siguen como antaño los pasos de los que hablábamos. Cada vez son más las parejas que tienen hijos sin haberse casado antes. Muchas de ellas no llegan a casarse nunca, pero muchas otras sí deciden celebrar una boda tras haber tenido descendencia.

Algunas personas piensan que, si ya has tenido hijos, es una tontería celebrar una boda por todo lo alto. Sin embargo, no es así.

Es cierto que son algo diferente, al fin y al cabo, ya no son dos, sino tres o más; pero es la pareja quien decide cuánto y cómo involucra a sus pequeños en el día de su boda.

De hecho, a la mayoría de padres y madres les hace una ilusión especial que sus pequeños puedan estar presentes el día que se dan el “sí quiero”.

El encargado o encargada de llevar los anillos, la dama de honor de mamá, el “abridor” de regalos… nuestros pequeños pueden dar un aire totalmente diferente a nuestra boda, que puede ser igualmente romántica, emocionante y preciosa si la celebramos tras la maternidad.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Preferirías una boda antes o después de ser madre? ¿Por qué? ¡Dinos lo que piensas!

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