Muchos papás se las ven y se las desean hasta dar con el chupete perfecto para su bebé. Y es que, aunque a veces todos los chupetes parezcan iguales, lo cierto es que existen bastantes diferencias entre unos y otros.

Esas diferencias pueden ser las responsables de que un bebé acepte o rechace el chupete que se le ha ofrecido.

Puede que no le guste el peso del chupete, el tamaño de la tetina, la sensación del material con la que está fabricada esa tetina o, a menudo, la ergonomía de la misma, que dependerá en gran medida de su diseño.

Existen dos tipos de tetina principalmente, las tetinas redondas y las tetinas anatómicas.

Las tetinas redondas podemos decir que mayoritariamente son o bien redondeadas por ambos lados o bien con forma de cereza. La ventaja del diseño de este tipo de chupetes es que, al tener una forma simétrica, permite que la tetina siempre esté en la posición correcta dentro de la boca del bebé, independientemente de que lo rote o no.

Los chupetes con tetinas anatómicas sin embargo presentan cierta simetría, y es que, en este caso, lo que se persigue es imitar la forma natural del pezón materno durante el periodo de lactancia. De esta forma, las tetinas anatómicas se adaptan a la boca y el paladar del bebé de una manera mucho más natural.

Esas características hacen que la tetina anatómica sea la recomendada para los bebés lactantes, ya que se sentirán más cómodos con ella y se evita el rechazo.

Sin embargo, y a diferencia de las simétricas tetinas redondas, los chupetes con tetina anatómica tienen que tener una posición determinada en la boca del bebé. De lo contrario, no estarán correctamente adaptados a la cavidad oral, y no estaría cumpliendo con su mayor ventaja.

Por eso, cuando utilizamos tetinas anatómicas para nuestro bebé tendremos que estar pendientes de que no gire el chupete y de que lo tenga sujeto en la posición adecuada.

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