Como hemos contado en otras ocasiones, un traumatismo dental puede dar lugar a diversas situaciones: desde un simple susto, hasta la pérdida completa de un diente, pasando por una posible fractura.

El resultado dependerá en gran medida del golpe, el tipo que sea y su intensidad; y el diente afectado.

Del mismo modo, las implicaciones del traumatismo dental en cuestión, dependerán de si se trata de un diente temporal o de una pieza dental permanente.

Ante un traumatismo dental, sea cual sea el resultado a priori, siempre debemos llevar a nuestro hijo o hija al dentista para que pueda evaluar la situación. Hoy hablaremos de dos situaciones, derivadas de un golpe en los dientes.

Una de ellas, muy evidente, es la fractura. La otra, la necrosis pulpar, nada evidente al principio, nos demuestra cuán importante es llevar al niño al médico tras un golpe aunque no hayan signos evidentes de daño.

La fractura dental

Cuando nuestro hijo o hija sufre un traumatismo dental, es importante determinar si el diente ha sufrido algún tipo de fractura, no solo en las partes visibles, sino también en zonas internas de la pieza dental, como la raíz.

Si el golpe que ha recibido el niño le produce una fractura de la corona dental, el dentista deberá evaluar cuál es el grado de dicha fractura: si solo afecta al esmalte y a la dentina o si llega hasta el nervio del diente.

En función de la gravedad de la fractura, el tratamiento a seguir será uno u otro. Generalmente, cuando la fractura es superficial, el dentista reconstruirá la pieza dental. En los casos más graves podría ser necesaria la extracción del diente dañado.

La necrosis pulpar

Como mencionábamos, la necrosis pulpar es el claro ejemplo de que no tienen que haber necesariamente ni inmediatamente signos evidentes de daño en el diente tras un golpe, para que éste haya repercutido en la salud de esa pieza dental.

Tal y como su nombre sugiere, se trata de la muerte del nervio del diente dañado. La necrosis comienza en la zona de la pulpa más próxima a la corona dentaria, y va progresando hacia la raíz.

La necrosis pulpar no produce dolor necesariamente, por lo que, tras un golpe, puede pasar desapercibida hasta que comiencen a manifestarse los signos visuales que causa, como el cambio en la coloración del diente. A medida que la necrosis pulpar avanza, el diente pierde su color natural para tornarse de un color grisáceo o ligeramente amarronado.

Dicho signo ocurre de forma progresiva, no inmediatamente tras el golpe, por lo que no nos sirve como señal para corroborar o descartar la afectación del diente. Por ello, tras un traumatismo dental siempre es importante llevar a nuestro hija o hijo al dentista, aunque, a priori o a simple vista todo parezca estar bien.

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