La mastitis es una complicación con la que nos podemos encontrar durante la lactancia materna, aunque también puede aparecer en cualquier otro momento de nuestra vida.

Cuando la mastitis aparece tras el parto, durante la lactancia, se denomina comúnmente mastitis puerperal o mastitis posparto; mientras que aquella que aparece en cualquier otro momento recibe el nombre de mastitis no-puerperal, mucho menos frecuente.

Mastitis durante la lactancia

Esta complicación consiste en la inflamación de la glándula mamaria, debida al bloqueo, taponamiento u obstrucción de los conductos galactóforos.
Tanto la obstrucción de los ductos como la inflamación de la mama pueden estar causadas por diversos factores.

Así, la mastitis puerperal puede tener un origen bacteriano o no. Concretamente cuando las causantes de la inflamación son bacterias, se denomina mastitis bacteriana o infecciosa. En estos casos la bacteria causante suele ser Staphylococcus aureus, aunque, con menor frecuencia, también puede ser originada por otras especies bacterianas.

La infección suele aparecer dos o tres semanas tras el parto y puede presentar un amplio rango de síntomas y diferentes grados de severidad.

Dichos síntomas pueden incluir el enrojecimiento y el aumento de temperatura en algunas zonas del seno, fiebre y escalofríos, así como otros síntomas similares a los de la gripe. En los casos graves puede llegar a ser bastante dolorosa, implicando una inflamación y sensibilidad importante en el seno afectado.

El agrietamiento y la aparición de heridas durante la lactancia aumentan la probabilidad de que ocurra una mastitis ya que, al fin y al cabo, son una puerta abierta a los microorganismos. En estos casos muchas veces es el propio bebé el que actúa como transmisor de la ya mencionada bacteria Staphylococcus aureus, que se encontrará de forma normal en la nariz y los dedos del recién nacido.

Por ello, en el caso de presentar grietas y/o heridas en los pezones, será importante limpiar los moquitos del bebé, especialmente si son de consistencia líquida; esto nos ayudará a prevenir posibles infecciones.

En cualquier caso, y como siempre decimos, en el caso de presentar dolor, molestias y/o cambios significativos en la apariencia de los senos durante la lactancia, lo mejor será consultar con nuestro médico cuanto antes.

En ocasiones puede que se trate de una simple obstrucción de los conductos galactóforos y, si actuamos a tiempo, podemos prevenir totalmente que progrese a una mastitis. De la misma manera, si tenemos una mastitis y la tratamos a tiempo, ni padeceremos tanto dolor ni tiene porqué ser necesario interrumpir la lactancia, algo que ocurre cuando el problema se ha vuelto más grave y requiere medicación incompatible o desaconsejable con la lactancia materna.

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