Las personas tendemos a idealizar muchos de los acontecimientos importantes de nuestra vida.

Siempre han existido escritores y guionistas de cine y televisión que reflejan sus sueños o idealizaciones en sus obras.
De esa forma, nosotros los espectadores, desde que somos niños empezamos a construir una entramada red de expectativas para los acontecimientos futuros. Una historia de amor romántica, pasional y eterna; una boda de ensueño; o el maravilloso momento en el que daremos a luz y comenzaremos a criar a nuestra descendencia.

Sin embargo, poco a poco, la vida nos va demostrando que las historias que vemos en la tele o que leemos en los libros son prácticamente irreales.

Lo malo es que esas situaciones idílicas nos calan hasta la médula, quedando impregnadas en nuestro subconsciente. Nos las creemos, a veces, ciegamente.

Como consecuencia, es lo que ansiamos y esperamos en nuestra propia vida, es lo que esperamos que ocurra en nuestra realidad.

Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que la realidad puede ser bien distinta, menos romántica, nada perfecta e incluso problemática, nos desmoralizamos. Algunas personas lo asimilan rápidamente, pero otras creen sinceramente que en algún momento empezarán a vivir su cuento de hadas. Lo buscan y lo esperan, pero su tristeza y preocupación aumenta cuando nunca llega.

Hasta hace bien poco nadie se atrevía a decir que su parto, postparto o incluso su vida familiar en general había sido decepcionante, triste o abrumadora desde la llegada de su primer hijo.

El miedo a la incomprensión, a ir contra de ese mundo de fantasía en el aparentemente viven los demás, o el temor a ser calificado como mala persona o mala madre/padre, son algunos de los motivos que alimentan el tabú de la maternidad no ideal.

Sin embargo, y en gran medida gracias a internet, cada vez son más las madres que se atreven a alzar la voz y dejar claro que la maternidad no siempre es una historia perfecta ni, mucho menos, un cuento de hadas.

No se trata de ser o no buena madre, mejor o peor persona, egoísta o entregada a su bebé. Se trata de que la llegada del primer hijo, aunque sea deseada y en el fondo maravillosa, puede venir acompañada de innumerables complicaciones.

Para empezar, la pareja se debe acostumbrar a la nueva situación. Asimilar ese gran cambio no es igual de fácil para todo el mundo, y eso debe ser ante todo respetado, sin que sea juzgado o valorado por los demás.

Por otro lado, cada bebé es un mundo, los hay tranquilos y guerrilleros, saludables o con problemas de salud. También la situación de cada mamá es única. Existen partos rápidos y sencillos, pero también dolorosos, complicados y eternos; postpartos de recuperación rápida o con problemas y/o secuelas asociadas al nacimiento. Una lactancia fabulosa o incluso la imposibilidad de amamantar al recién nacido.

Algunas mamás sufren depresión postparto, otras se sentirán enérgicas y felices, algunas tristes o con ansiedad.

Y, ¿sabes qué? Está bien. No existen las historias perfectas. Lo verdaderamente normal es que no sea un camino de rosas, siempre habrá alguna que otra piedrecilla en el camino, es la vida.

El abanico de posibilidades, tanto en la maternidad como en otros aspectos de la vida, es prácticamente infinito.

Por ello, la mejor forma de disfrutar de cada etapa de la vida es no crearnos expectativas. Al menos no fabricar expectativas basadas en cuentos e historias irreales.

Debemos afrontar lo que nos viene y darnos tiempo para asimilar, aprender y mejorar. Al convertirnos en mamá está bien sentirse sobrepasada, está bien sentirnos decepcionadas, está bien no estar bien.

Disfruta de tu maternidad con todo lo bueno y lo malo de tu caso particular, sin compararte con ninguna visión idealizada, y se convertirá en la mayor y mejor lección de tu vida. Una vida real. Una maternidad de verdad.

Customer Reviews (1 comentario)

  1. Muy interesante el artículo y muy muy acertado. Tendemos a idealizar creando unas expectativas irreales que no nos dejan disfrutar de la vida tal y como es. Me ha gustado mucho!

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