Tras el nacimiento de un bebé, todos los padres nos fijamos en que nuestro recién nacido esté perfectamente, sin signos o síntomas de algún problema de salud. Sin embargo, no todas las enfermedades o patologías son visibles o, al menos, no en etapas tan tempranas.

Aunque no haya síntomas, la pronta detección de muchas patologías puede marcar una diferencia clave para el bienestar futuro de nuestro hijo o hija.

Por ello, se realiza la prueba del talón, para detectar posibles enfermedades congénitas que, a pesar de no ser evidentes, a largo plazo y sin intervención médica podrían causar problemas en el desarrollo de un bebé.

Esta conocida prueba se lleva a cabo a partir de las 48 horas tras el nacimiento del bebé, y antes de las 72 horas de vida. Tras esa primera prueba, se vuelve a repetir entre los 4 o 7 días desde su nacimiento.

El proceso es muy sencillo y la información que proporciona a los médicos muy valiosa para el bienestar de nuestro pequeño o pequeña.

La prueba del talón - ¿en qué consiste?

La prueba del talón consiste en un pinchacito en el talón del bebé, lo que permite recolectar unas pocas gotitas de sangre que son analizadas en el laboratorio.

Aunque es prácticamente inevitable que el bebé llore, en realidad, dada la sencillez de la prueba, este examen no conlleva ningún riesgo o peligro para el recién nacido más allá del pequeño dolor que le causa el pinchazo y, en algunos casos, un pequeño hematoma que aparece como consecuencia.

Si el análisis de laboratorio arroja un resultado positivo, el bebé será considerado como sospechoso de sufrir alguna alteración metabólica y, para corroborarlo o descartarlo, se le realizarán estudios más específicos.

Esta sencilla prueba médica realizada en neonatos permite la detección precoz de diversas patologías, como, por ejemplo, la fenilcetonuria, el hipotiroidismo congénito o las hemoglobinopatías congénitas, entre otras.

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