Un llanto inconsolable, que no cesa; un llanto de esos que desesperaría a la persona más paciente y sosegada del mundo.

La impotencia de no saber qué ocurre ni cómo solucionarlo. Los nervios a flor de piel y la preocupación al máximo nivel por no poder ayudar a nuestro bebé.

¿Te suena? ¿Tal vez te lo hayan contado? ¿Quizás lo has vivido en primera persona?

Cólico del lactante: ¿qué es? ¿cuándo ocurre? ¿porqué?

Los primeros días de una familia que acaba de dar la bienvenida a un nuevo miembro son agotadores, sobre todo para la mamá. El cansancio del parto y el comienzo en el camino de recuperación postparto, las visitas que vienen y van, la nueva situación familiar, la adaptación a la lactancia materna y los horarios del bebé…

Sin embargo, la guinda del pastel del agotamiento llega cuando nuestro recién nacido no para de llorar.

Es inevitable, sobre todo si se trata de padres primerizos que nunca se han enfrentado a una situación semejante, preocuparse, desesperarse e incluso desmoronarse.

Se trata del cólico del lactante, muy típico en los primeros meses de vida de un bebé, que ocasiona en el mismo un llanto intenso, largo y extenuante.

Aunque existen numerosas definiciones para este “trastorno”, la más empleada es la que clasifica los cólicos como episodios de llanto vigoroso e intenso durante al menos 3 horas diarias, 3 días por semana y que ocurre al menos durante 3 semanas en un bebé totalmente sano y bien alimentado.

El llanto comienza de forma repentina y con gran intensidad, ocurriendo a menudo al final del día.

Durante los cólicos, generalmente el bebé flexiona los muslos sobre su barriguita, tensa el abdomen y aprieta los puños con fuerza. Su comportamiento indica por tanto que el origen del dolor, y la causa del llanto, se encuentra en su abdomen.

Además, debido al llanto intenso, la carita del bebé se enrojece y su expresión nos transmite que debe de estar sintiendo un dolor o molestias bastante intensas.

Un episodio puede durar desde unos minutos hasta horas. Sin embargo, entre un episodio y otro el bebé está aparentemente normal, de buen humor y sin rastro de signos que indiquen que se encuentra mal.

Esto último es una de las cosas que más desconcierta a los papás: el pasar de una situación aparentemente crítica para el bebé, a la más absoluta normalidad. Y a la inversa, de un bebé sonriente y tranquilo, a un bebé que llora desconsoladamente.

Aunque estos episodios son frecuentes, es decir, ocurre en muchos bebés lactantes, aún no se conoce cuál es la causa concreta de los cólicos.

Generalmente los episodios de cólicos han sido asociados a los gases. Sin embargo, se cree que la raíz del problema puede deberse a algo más; concretamente, a la inmadurez del sistema digestivo en los bebés lactantes, lo cual causaría las molestias y dolores abdominales.

El hecho de que pasados los 3 o 4 primeros meses de vida los cólicos desaparezcan corroboraría la hipótesis anterior. Es decir, una vez que el bebé cuenta con un sistema digestivo maduro, ya no siente molestias.

En cualquier caso, es importante consultar con nuestro pediatra para descartar otros posibles problemas. Si el médico corrobora que nuestro pequeño o pequeña sufre de cólicos, nos tocará armarnos de paciencia.

Consuela pensar que se trata de algo pasajero y que, afortunadamente, no revierte ninguna gravedad o problema adicional, más allá de ponernos a prueba a los papás.

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