Cuando nos convertimos en padres, todo lo que queremos es que nuestro bebé crezca sano, fuerte y feliz.

Probablemente por ello existen ciertos momentos de su desarrollo que toda madre y todo padre espera con ilusión y a los que prestamos especial atención.

A veces incluso nos desesperamos si esos momentos clave no llegan cuando nosotros esperamos, o cuando vemos que otros niños de la misma edad ya se han adentrado en una nueva etapa de su desarrollo mientras que nuestro bebé aún parece estar lejos de comenzarla.

Si bien el desarrollo de nuestro bebé es un proceso continuo, progresivo, que a veces cuesta percibir por lo pequeñitos pero constantes que son esos progresos o cambios, es cierto que existen algunos hitos remarcables o más evidentes.

Algunos de ellos son el momento en el que descubrimos el primer diente incipiente en la encía de nuestro bebé, cuando comienza a gatear, la primera vez que consigue dar sus primeros pasos sin perder el equilibrio y, por supuesto, el instante en el que nuestro bebé pronuncia su primera palabra.

Todos ellos, así como muchos otros, son momentos realmente emocionantes para cualquier padre o madre. Son la señal de que todo va bien, de que nuestro bebé está creciendo adecuadamente y, además, abren una nueva etapa tanto en la vida de nuestro hijo o hija como en nuestra relación con ellos.

Sin embargo, estos “hitos” en el desarrollo de un bebé suelen enmarcarse en un periodo de tiempo medio (entre el tercer y cuarto mes, a partir del primer año...) que en realidad no todos los bebés cumplen a raja tabla.

Como es algo que en el fondo estamos deseando que ocurra, a veces nos preocupamos demasiado cuando nuestro bebé tarda un poco más en comenzar a gatear, cuando parece que nunca le va a salir el primer diente o cuando su único método de comunicación son los ruiditos y apuntar con su dedo índice sin pronunciar palabra.

Para evitar preocuparnos demás y perdernos la belleza del progreso constante de nuestro bebé, es importante no olvidar que cada niño es un mundo y que, los rangos de edad en los que teóricamente ocurren esos momentos clave, no son más que medias. Por tanto, no es raro que unos niños tarden más que otros, y mucho menos significa necesariamente que nuestro bebé tiene algún problema.

Tenemos que disfrutar de todos los ratitos, de los más pequeños progresos, que los grandes momentos ya irán llegando.

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