Unos delicados golpecitos o tal vez la sensación que notaríamos si una mariposa estuviese revoloteando en nuestro interior.

O quizá las primeras veces no sean ni pequeños golpes ni una mariposa inquieta; tal vez simplemente sea una sensación tan indescriptible como especial.

Son los primeros movimientos de nuestro bebé. La sensación más dulce y afortunada. Es el momento en el que comenzamos a percibir a nuestro pequeño o pequeña de una forma más real, moviéndose en nuestro interior.

Una vida en movimiento

Generalmente los movimientos fetales comienzan a sentirse alrededor de las semanas 18 y 20. Sin embargo, las mujeres que han sido madres anteriormente pueden comenzar a percibir los movimientos de su bebé algo antes, entre la semana 15 y 17 de embarazo.

Eso no se debe a la experiencia, aunque, a diferencia de las madres primerizas, ciertamente ya saben cuáles son esos movimientos, lo que se siente, y tal vez su capacidad para detectarlos pueda influir ligeramente en eso de sentirlos o identificarlos un poco antes.

Sin embargo, existe una razón de mayor peso que justifica que las madres no primerizas perciban los movimientos fetales en etapas más tempranas. Lo que ocurre es que tras un primer embarazo los músculos del útero quedan más relajados, menos tensos, y, a su vez, se vuelven más sensibles.

Esa mayor sensibilidad es la que hace que los movimientos del bebé puedan notarse tan pronto como en la semana 15 de gestación.

En cualquier caso, más tarde o más temprano, todas las futuras mamás sienten a su pequeño a través de sus movimientos, puesto que a medida que progresa el embarazo los movimientos del bebé son más intensos y más frecuentes.

Puede que pasemos por alto las primeras pataditas o tal vez las confundamos con el hambre e incluso con gases; pero en el momento en el que te das cuenta de que ese movimiento es la vida que crece en tu interior, jamás se olvida.

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