Puede que eso de tubérculos nos haga pensar en patatas, pero no, en este caso no tienen nada que ver con ese alimento tan recurrido.

Los de Montgomery no son tubérculos comestibles, sino que son una parte de nuestro cuerpo, concretamente, de nuestros senos.

Se trata de unas glándulas que se encuentran rodeando el pezón, en la areola, de ahí que también sean llamados “glándulas areolares”.

Por lo general encontramos entre una decena y una veintena de estas glándulas en cada seno, en cada areola y tienen un importante papel durante el embarazo y la lactancia materna.

La función de los tubérculos de Montgomery en la lactancia materna

En realidad, antes del embarazo estas glándulas se llaman tubérculos de Morgagni. Al producirse un embarazo es cuando cambian su nombre, pues su morfología y su función también cambia.

Durante el embarazo estas glándulas de la areola del pezón aumentan de tamaño y se elevan considerablemente. En este estado se encargan de producir un lubricante que actúa como película protectora del pezón.

Por un lado, el lubricante producido por los tubérculos de Montgomery protege las areolas del seno materno frente a infecciones, ejerciendo una función antibacteriana. Esto puede ser importante para evitar, por ejemplo, dolorosas mastitis causadas por bacterias.

Por otro lado, el lubricante previene que las areolas se sequen y que, en consecuencia, se agrieten debido a los cambios que sufre el seno materno durante el embarazo y la lactancia.

Esto, además de evitar directamente la aparición de grietas, también repercute en la prevención de posibles infecciones bacterianas, pues el hecho de tener una herida abierta en el pezón facilita la entrada de microorganismos.

Como ves, esas pequeñas estructuras abultadas que aparecen en tus areolas durante el embarazo son más importantes de lo que pueden parecer a simple vista, siendo capaces de contribuir a mantener nuestra buena salud y de facilitarnos la lactancia materna.

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