En muchas ocasiones, el nacimiento de un bebé podría ser comparado con un tornado capaz de poner patas arriba todos los cimientos de nuestra vida.

Es comprensible que las horas de sueño, las rutinas familiares, las tareas del hogar e incluso las relaciones íntimas se vean alteradas durante los primeros meses, hasta que todo vaya volviendo a su sitio.

Lo que en realidad no es tan normal es que parece que ese tornado no solo le da la vuelta a nuestra casa, sino a las de aquellos que nos rodean.

Si amigas, toca hablar alto y claro de la transformación que sufren nuestros familiares y amigos tras la llegada de un bebé. ¿Alguna vez os habéis parado a analizarlo?

De repente, aquella amiga que siempre lleva la agenda tan apretada que nunca cuadráis para tomar un café, saca tiempo para venir a conocer a tu recién llegado bebé…y a tu cara de cansancio, y a tu recuperación postparto, y a todos tus familiares y resto de amigos, que probablemente también habrán colonizado tu casa.

Lo que ayer era un dulce y pacífico hogar deseoso de formar una nueva familia, hoy es un piso patera en toda regla.

Eso de “las gallinas que entran por las que salen” se convierte en tu día a día, porque conforme se van tres visitantes, llegan otros tres suplentes…y reza para que no sean más.

Cuando el 90 % de la gente que quieres ya conoce al nuevo miembro de la familia crees erróneamente que la calma social volverá a tu vida. Pero no, llega el turno de las segundas rondas.

Obviamente los abuelos y recién estrenados tíos y tías de la criatura no piensan abandonar el barco, y lo que para otros allegados es la segunda ronda, para la familia directa probablemente sea ya la octava visita.

La nueva avalancha social de quienes repiten visita suele deberse a que te traen un regalo, a que pasaban por allí o a que aprovechan para acompañar a otro amigo o familiar que aún no conocía a tu bebé.

Y venga a sacarte la teta delante de todos, a pesar de que ni si quiera has tenido tiempo para completar tu aprendizaje en la lactancia; y venga a sacar picoteo para los visitantes; y otra vez a contar las pocas novedades que pueden ocurrir en un periodo de 4 o 5 días después de dar a luz en el que lo único que querías hacer era adaptarte a esta nueva situación.

Y entonces necesitas gritar ¡pesados! ¡pesados! ¡pesados! ¡y más que pesados! ¡todos!

Pero luego ves el amor en los ojos de quienes ven por primera vez a tu bebé, o el detalle de quien te trae algo de comida casera o de esa amiga que sin pedírselo contribuye a mantener el orden en tu casa…

Entonces entre el cansancio y el agobio de tener visitas constantes seguramente pienses, ¡qué pesados! Pero no os vayáis nunca. Aunque os hayáis vuelto cansinos, insistentes y omnipresentes.

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