La ingurgitación mamaria es el término que se emplea para referirse a la congestión de la mama, lo que causa inflamación, mayor sensibilidad y el endurecimiento de la misma, así como molestias asociadas.

La ingurgitación mamaria, si bien puede ocurrir en cualquier momento durante la etapa de lactancia, es frecuente cuando se produce la subida de la leche.

El aumento de la cantidad de leche en el seno causa esa congestión, que a su vez deriva en la inflamación y el resto de síntomas. Cuaando es ocasionada por la subida de la leche, esto ocurre generalmente entre dos y cuatro días tras el parto.

Para prevenir que nos ocurra, lo mejor es amamantar a demanda desde el nacimiento del bebé. Sin embargo, esto no siempre es posible y en ocasiones no previene la congestión de los senos cuando tiene lugar la subida de la leche materna.

Una vez ha aparecido, la solución a la ingurgitación mamaria no es otra que aliviar esa acumulación de leche en el pecho materno. Amamantar a nuestro bebé es la forma más natural de hacerlo, sin embargo, la propia ingurgitación mamaria puede complicarlo.

Lo que ocurre es que cuando la mama está hinchada y dura por la acumulación de leche materna, la areola del pezón está en tensión. Esto puede derivar en que el bebé no consiga agarrarse correctamente para succionar de una forma efectiva, lo cual no contribuye a la mejora de la ingurgitación mamaria.

También puede ocurrir que, en esos primeros días, estemos produciendo un volumen de leche mayor del que necesita nuestro bebé. Con lo cual, aunque éste se alimente y se agarre a los pezones correctamente, nunca va a vaciar completamente los senos.

En cualquier caso, cuando el amamantamiento no resulta efectivo para la descongestión de los senos no nos quedará otra que extraer el exceso de leche nosotras mismas con la ayuda de un sacaleches.

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