Durante las primeras semanas de vida, es común que muchos bebés tengan alteraciones en los patrones de sueño. Así, muchos bebés a menudo se despiertan en varias ocasiones a lo largo de la noche o les cuesta conciliar el sueño.

Sin embargo, los papás observamos atónitos que durante el día duermen del tirón con facilidad y sin interrupciones una vez concilian el sueño. Es decir, el bebé tiene su patrón de sueño invertido.

Esta situación es normal y frecuente en las primeras semanas tras el nacimiento, dado que en el vientre materno el bebé no está expuesto a ningún patrón diurno y nocturno, y por tanto necesita adaptarse de nuevas a los ciclos de luz y oscuridad.

Afortunadamente, la situación se suele ir estabilizando poco a poco sin que tengamos que intervenir; es decir, el bebé se va adaptando de forma natural y espontánea.

En la mayoría de los casos, a partir de los 2 meses de edad ya podremos observar como el niño o la niña va normalizando su ritmo de sueño en las horas adecuadas.

Antes de cumplir los 6 meses, casi todos los niños que han tenido problemas de sueño invertido se encuentran totalmente adaptados a los ciclos de luz y oscuridad; por lo que duermen durante la noche y están más activos durante el día.

En cualquier caso, es normal querer facilitarle a nuestro bebé la adaptación a un ciclo de sueño adecuado, no solo por él o ella, sino también por nosotros, ya que nuestro descanso se ve obviamente afectado.

Aunque no hay mucho que podamos hacer, ya que lo mejor es respetar el ritmo del bebé y dejar que se adapte poco a poco y por sí mismo, sí hay algunos trucos que pueden con las que podemos ayudarle.

Por ejemplo, podemos marcar la diferencia entre el día y la noche haciendo que durante las horas de luz el bebé esté expuesto a la actividad y los sonidos que tienen lugar durante el día. Es decir que, mientras sea de día, será mejor situarlo en el salón de casa, por ejemplo, expuesto a la claridad de la luz y a los ruidos del entorno; mientras que, durante la noche, estará en su cunita a oscuras y en silencio.

Lo mismo hemos de hacer con las tomas, ya que en los bebés de muy corta edad es uno de los momentos en los que cogen el sueño con mayor facilidad. Si marcamos la diferencia entre las tomas diurnas y las nocturnas, el bebé irá comprendiendo mejor cuándo es de día y cuándo de noche, reconociendo el momento del día en el que se encuentra.

Así, en las tomas diurnas podemos dedicar más tiempo a su alimentación y, una vez acabamos, podemos jugar con él o ella un ratito para mantenerlo activo. Por el contrario, durante la noche podemos realizar tomas más cortas y relajadas, en las que lo devolvemos a dormir inmediatamente después de comer. Además, será importante que durante las tomas de día esté expuesto a la claridad y que durante las tomas nocturnas estemos en penumbra.

En definitiva, todo cuanto podemos hacer es ayudar a nuestro bebé a distinguir poco a poco entre la noche y el día, y a aprender las diferencias entre ambos momentos.

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