A la inmensa mayoría nos gusta medir milimétricamente, comprobar y asegurarnos de que una determinada cosa es suficiente y, sin embargo, algo fundamental en los primeros meses de vida de una persona se escapa a nuestro afán por calcular cantidades necesarias y adecuadas. Se trata de la leche materna.

La imposibilidad de comprobar por nosotras mismas cuánta leche tenemos y cuánta leche está ingiriendo nuestro bebé cuando lo amamantamos, nos produce cierta incertidumbre. De ahí que sea muy frecuente que, en algún momento de la lactancia, toda madre se pregunte ¿tengo poca leche?

Afortunadamente, esa preocupación sobre si tendremos suficiente leche para amamantar a nuestro bebé casi siempre es fruto de la inseguridad, la incertidumbre y la inexperiencia, y no una realidad.

Salvo situaciones específicas en las que existe algún problema constatado, producimos exactamente la leche que necesita nuestro bebé. Cuando no es así, a veces se debe a un problema médico y otras a causas mucho más simples y de fácil solución.

Uno de los factores más importantes para asegurar una producción adecuada de leche materna es la posición del bebé durante la lactancia.

Si debido a una mala posición el bebé no logra obtener la leche materna, no estará vaciando las mamas, por lo que, a la larga, la producción de leche disminuye.

Sin embargo, la propia madre se dará cuenta de que algo no va bien, pues al principio su cuerpo estará produciendo toda la cantidad que su bebé necesita y al no “darle salida” a ésta, los pechos se congestionarán por estar demasiado “llenos”, ocasionando algo de dolor e incluso algunas grietas.

La solución es sencilla: corregir la postura. Como ya hemos comentado en otras ocasiones esto es un aprendizaje. Aunque en cierta medida contemos con muchos conocimientos sobre la maternidad de forma innata e inconsciente, también existe una curva de aprendizaje tanto para la mamá como para el bebé.

Si crees que no estás adoptando la posición correcta mientras amamantas a tu bebé, trata de observar qué va mal y corregirlo; y si crees que necesitas algo de asesoramiento, no dudes en consultar a tu pediatra o matrona. Verás cómo es más fácil de lo que parece y comprobarás por ti misma que tienes leche más que suficiente para satisfacer a tu bebé.

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