Empiezan a salir los primeros dientes y nuestro pequeño o pequeña es feliz mordiendo su bonito mordedor de Mamichic o entreteniéndose con tu collar de lactancia.

Pero poco a poco va ganando autonomía, personalidad y empieza a expresar sus emociones y, de repente, le cambia el chip y empieza a dar bocados a diestro y siniestro…

¡Socorro! ¡Tengo un pequeño tiburón en casa!

Sí, un enorme número de papás y mamás se han tenido que enfrentar a la aparentemente irrefrenable costumbre de morder que desarrollan sus hijos.

Si me enfado, muerdo; si juego, muerdo; si estoy de broma, muerdo; y, lo que es peor, si estoy mamando y se me antoja, ¡también muerdo! ¡Auch!

Además de la molestia o el daño que pueda causar a sus sufridos progenitores y familiares, suele preocuparnos especialmente cuando se dedica a morder a otros niños, algo muy frecuente en las "batallas campales" por ese codiciado juguete al que hace 5 minutos nadie le echaba cuentas y que ahora que uno lo coge, se vuelve Trending Topic...

¿Podemos hacer algo para que nuestro bebé pierda la costumbre de morder?

Si ya hemos detectado que se está aficionando a los mordiscos, debemos estar atentos para intervenir antes de que muerda. Sobre todo, cuando está con otros bebés, que es una de las situaciones en las que más ocurre.

Como normalmente los mordiscos son una forma de expresar rabia o enfado cuando un bebé aún no sabe transmitir sus emociones de otra manera, podemos tratar de entretenerlo y distraerlo para que se relaje y desconecte de la situación que le había generado el enfado. Cuando hayamos conseguido que rompa con ese detonante que lo iba a impulsar a morder podremos darle vía libre para que continúe con la actividad que estaba haciendo.

No obstante, si llegamos tarde, es decir, si ya le ha pegado un bocado a un amiguito y no hemos podido prevenirlo, tendremos que corregirlo.

Es conveniente decirle “no” con convencimiento y seriedad, prestándole toda nuestra atención y mirándole directamente. Así nuestro bebé entenderá que rechazamos esa actitud, que no nos gusta, y poco a poco irá corrigiendo esa manía de morder.

Aunque debemos corregir su acción y prevenirla cuando sea posible, no es conveniente pasarse de la raya. Es decir, debemos evitar decir constantemente ¡No muerdas! ¡No muerdas!; por ejemplo, cada vez que se acerque a otro niño, incluso si tiene una intención clara de morderlo.

Si se lo repetimos constantemente, sin quererlo podemos reforzar su comportamiento, porque le estaremos ayudando a procesarlo profundamente y a arraigarlo. Por ello antes decíamos que a la hora de prevenir que muerda a otro bebé lo mejor es distraerlo y sacar su mente de la situación de enfado, rabia o estrés que le estaba empujando a morder.

No desesperes, verás cómo esa costumbre desaparece a medida que crece, adquiere habilidades sociales y va aprendiendo a hablar.

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