Igual que, sin que necesariamente alguien nos enseñe, nosotras tenemos ese instinto maternal que nos orienta sobre cómo actuar durante el embarazo, el parto y el postparto, nuestro bebé tiene su propio instinto natural que le permite actuar desde los primeros momentos de vida.

Gracias a ese instinto, también sin que nadie le enseñe, nuestro bebé puede ser capaz de tomar las riendas de la primera toma.

Así, tan pronto como nace, si dejamos al bebé tranquilamente sobre el pecho materno comenzará a buscar instintivamente el pezón que le va a alimentar.

Al hallar el pecho, el mismo bebé se posicionará para comenzar a succionar e ingerir así el nutritivo calostro que nuestro cuerpo ha preparado para él.

Este bonito momento no es algo que ocurra del tirón, digamos, sino que puede requerir un tiempo. Por ello decíamos eso de dejar al bebé tranquilamente, para que con paciencia encuentre el pecho materno que su instinto le dice que busque.

Es especial ser espectador de cómo la naturaleza nos ha preparado para traer al mundo a nuestros hijos y cómo estos también están preparados en cierta medida para comenzar a sobrevivir, en este caso alimentándose de forma instintiva, realizando su primera toma.

El momento de la primera toma, y todos esos primeros instantes en que el recién nacido se encuentra en contacto directo con el pecho y la piel materna, es además cuando se establece ese vínculo único entre madre e hijo. Una conexión invisible que casi va más allá de nuestro entendimiento.

Ese vínculo, la primera toma y el estatus hormonal de la madre tras el parto favorecen el comienzo de la lactancia y contribuyen a que ésta se desarrolle con normalidad de ahí en adelante.

Si por el motivo que sea madre e hijo no han podido estar en contacto directo hasta pasadas varias horas tras el parto, eso no significa que necesariamente que vayamos a tener problemas con la lactancia. Puede que sea necesaria alguna ayuda extra o que en las primeras tomas necesitemos algo más de paciencia hasta que la lactancia se normalice.

En cualquier caso, cada vez más se recomienda que madre e hijo entren en contacto tan pronto como sea posible, rodeados de una atmósfera tranquila que les permita conocerse por primera vez, establecer ese vínculo que durará toda la vida, y dar rienda suelta a los instintos que la naturaleza ha conservado en nosotros.

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